sábado, 4 de junio de 2016

Pokotán


Te echo de menos mi pequeña. No dejo de preguntarme dónde estás, si estás bien, si has comido, si te pudiste bañar, si estás viendo cosas que no debes, si te han robado tu bonita inocencia.

Te veo en todos los niños del cole. Yo te hago las trenza en cada niña del recreo. Yo te consuelo en cada niño que llora en mis brazos.

Duermo en tu cuarto, abuelo tiene la pierna rota y se está quedando en el mio para no tener que subir las escaleras. Pero te pusimos otra cama en el cuarto de tio Alonso, te compramos unas cortinas y unos cuadros de buhos que estoy deseando que veas.  Tienes que venir pronto, aún tienes que abrir los regalos de navidad y los zapatos se te van a quedar pequeños.

Te traje un nuevo perrito, lo encontré en la carreera abandonado, es muy juguetón, pero se escapó hace poco porque abuelo lo dejó suelto con los perros de cacería, pero se asustó con los fuegos artificiales de la fiesta y no ha vuelto más. Ojalá vuelva. Ojalá vuelva cuando llegues y podamos irnos juntos a comer helado.

Tu papá llora todos los días por ti. Sara también. Abuela también, Abuelo también. Yo también. Ya no se si no nos llamas porque no te acuerdas de nuestros números, por miedo a tu madre o porque piensas que no te queremos, que no te estamos buscando. Pero estamos aquí, rezando, porque los juzgados y la guardia civil han hecho tan poco que ya tengo más fe en la religión que en la justicia, y cada día es más duro que el anterior, y cada noche se hace más y más larga.

Te escucho culparme en sueños, porque tu me advertiste que mamá te iba a llevar lejos y yo te prometí que nunca iba a ocurrir, pero te fallé y lo siento porque nunca jamás pensé que ella fuera capaz de esto.

Vuelve pronto mi pequeña, que la casa entera está sorda sin tu risa.

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